Ficha de Nathan Mahler

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Ficha de Nathan Mahler

Mensaje  Rambard el Lun Ene 04, 2010 6:26 am


Nombre del Habbo
Rambard-

Nombre del Personaje
Se hace llamar Nathan Mahler. Ni él mismo recuerda su verdadero nombre.

Aspecto (Imágen)
Spoiler:

Aspecto (Descripción)
Es de estatura un poco más baja que la media. 1.65, para ser exactos. De complexión delgada (58 kg) y atlética. Pelo semi largo, castaño oscuro. Ojos rojos.

Descripción Psicológica
Es maestro en ocultar sus sentimientos, hacerse pasar por quien no es, y fingir sentimientos que no siente. Puede llegar a convertirse en el ser más cruel del mundo, con tal de conseguir su objetivo. También puede ser excesivamente manipulador. Su verdadera personalidad murió hace muchos años, por lo que casi nunca es posible ni si quiera sorprenderlo, todas sus reacciones son fingidas.

Posesiones
Una casa de dos pisos, además de ser dueño de un banco, bajo el seudónimo de "Solomon Goldsmith"

Edad (Real)
836 años.

Edad (Aparente)
Atrapado eternamente en la edad de 21 años

Clan
Assamita Antitribu

Generación
Quinta Generación ("Matusalén")

Historia
Mi historia comenzó en el año 1173 después de Jesucristo, el día 7 de Diciembre. No me molesto en recordar el nombre de mi padre. Lo único que recuerdo es que él era un noble inglés.
Él, creo recordar, estaba al servicio del rey Enrique II, y, como hijo suyo, desde temprana edad tuve que ser adiestrado en el uso de las armas, tales como las espadas bastardas. Pero él siempre menospreciaba mis habilidades. No obstante, el rey mantuvo un ojo en mi.

En el año 1185, con sólo doce años, ya me había esforzado en aprender todas las fintas, todas las maneras de bloquear, y la estúpida e hipotética piedad cristiana. También el temple de un caballero inglés, e inevitablemente la estupidez, disfrazada de valentía, de lanzarse al combate como un animal, cual bárbaro ebrio, para morir por el orgullo de Inglaterra y del Cristianismo. Juraría que había dicho que me enseñaron a tener temple. Bueno, es lo mismo para ellos.

En 1189, habiendo convocado el Papa Cristiano Gregorio VIII, la hoy famosa Tercera Cruzada, fuí reclutado, junto a mi padre, rápidamente en el ejército del rey. Pero yo no quería. Eso hizo que empezase a pensar.

No obstante, por cómico que pueda sonar, antes de que marchasemos a tomar Tierra Santa, el rey fué derrocado por su propio hijo Ricardo, con quien yo había conseguido entablar una amistad.

En 1190, comenzamos a marchar. Para 1991, ya estabamos por mar, y a mi me encargaron vigilar un barco cargado de riquezas del rey. No obstante, en el trayecto fuimos atacados por una tormenta, que hizo que cayese de mi barco. Perdí inmediatamente la consciencia.

Fué enorme mi sorpresa, cuando me descubrí a mi mismo vivo, pero preso en una tienda de campaña. Escuchaba voces, pero no podía identificarlas, y, menos aún, el idioma en el que hablaban. Me atreví a dirigir la mirada hacia el lugar del que procedían las voces. Era otra tienda de campaña, próxima. El hombre que me custodiaba, al observar que me había despertado por fin, se marchó. Al cabo de varios minutos que se me hicieron eternos, volvió con alimento y agua. Observe esto durante un tiempo, sin comprender, hasta que entendí que me lo estaba dando a mi. Comí y bebí como un animal.

Horas mas tardes, hicieron llamar a mi presencia a un hombre, que parecía ser el líder de ese grupo. Dijo unas palabras en un idioma, que no entendí. Tras eso, habló en un francés que, aunque reconocí, tampoco pude entender, y, finalmente, habló en inglés, y se presentó. Me dijo su nombre: Al-Nāsir Salāh ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, y, al ver mi incapacidad de recordarlo, me dijo que simplemente le llamase Yusuf.

El hombre me explicó que me habían localizado tras una tormenta, pues esperaban tropas enemigas en esa dirección, y me indicó que, al ser obvio que yo pertenecía a los enemigos, ahora era su prisionero.

Nunca habría imaginado que a un prisionero se lo podría tratar con tanta hospitalidad. Nunca sufrí de hambre en exceso, y no hubieron castigos de ningún tipo. Mi recelo hacia esos hombres, no obstante, era abismal.

Tanto resentimiento les tenía que, un día en el que habia una gran tormenta de arena, y mi vigilante estaba a solas conmigo en la tienda, decidí actuar. En un instante, le arrebaté su cimitarra, y de un limpio corte en el cuello, apagué su vida para siempre, sin resentimiento.

Aguardé hasta que acabó la tormenta y vino otro hombre para alimentarme. Lo primero que vió al entrar fué el cadáver. Lo segundo, oscuridad eterna. Aproveché el momento, y rápidamente huí de la tienda de campaña.

Corrí durante horas sin llegar a ninguna parte. Este rápido sprint fué pasando a zancadas, las zancadas a pasos pesados, y finalmente caí al suelo exhausto. Vi, con todo temor, lo que parecía uno de los famosos espejismos de los desiertos. Ví cómo mi captor se aproximaba hacia mi, con una sonrisa. Buscó entre sus ropajes lo que en un principio yo pensaría que sería un arma, pero para mi sorpresa, no era más que una botella de agua. Me dió de beber, y me regresó al campamento.

Fueron pasando los años, con más intentos mios, sin resultado, de esacaparme, o asesinar a mi captor. Fuí aprendiendo su idioma, y lentamente, integrandome en ese grupo.

Un día, uno de sus exploradores llegó y con una calma sobrenatural nos comunicó una noticia terrible. Habían llegado los cristianos. Yusuf ordenó que todos los hombres cogiesen sus armas, y a mi personalmente, me otorgó una Talwar. No me dió ninguna explicación de lo que tenía que hacer. Tampoco la necesitaba.

Salimos todos del campamento. Eramos solo veinte, y el ejército que se aproximaba superaba los cinco mil soldados. Cuando llegaron, vi entre ellos a mi padre. quedé estupefacto. Esto sólo hizo que Yusuf esbozase una sonrisa al notar que le reconocía, y cómo le miraba. Me dijo, en árabe, que mi padre me había abandonado a mi suerte, y que ahora era mi enemigo. Esto hizo que entendiese del todo de qué lado tenía que estar.

Todo fué muy rápido. Yusuf se lanzó al ataque primero, y todos le seguimos. Los cristianos estaban abrumados ante nuestra velocidad. Fueron cayendo lentamente, uno por uno, como moscas. Sus pesadas armaduras eran inútiles, ibamos siempre a los puntos desprotegidos, y los atravesavamos con una precisión abrumante.

Pero mis compañeros me superaban en mucho, por lo que acabé siendo capturado por varios soldados enemigos. Cuando tan sólo cuatro hombres de los nuestros cayeron, Yusuf ordenó la retirada. Pero los cristianos quedaron diezmados.

Los cristianos me llevaron a su campamento, en medio de ese caos de arena, y me trataron con hospitalidad nula. Al segundo mes, no me podía ni mover.

Finalmente, escuché una voz que me sonó muy familiar. Hablaba con un inglés fluido al jefe de esa compañía, mi padre. Yusuf le decía que me soltase. No se lo pedía. Tampoco se lo exigía. Ni si quiera lo decía realmente. Afirmaba que me iba a soltar. Mi padre se negó en rotundo, y después de eso, todas las voces se apagaron.

Escuché unos pasos aproximándose hacia mi. Por puro instinto, me encogí, pero pronto reconocí, sin necesidad de mirar, que era Yusuf.

-Tu propio padre te ha tratado así durante estos dos últimos meses. Incluso se negaba a soltarte. Dudo que te sientas muy feliz con esto. He venido a traerte conmigo, de vuelta. Y sólo conmigo. Los demás, están todos muertos.

Me levantó, con sumo cuidado, y me llevó fuera de esa tienda de campaña. Repentinamente perdí el conocimiento, y para cuando lo recuperé, ni si quiera estáamos bajo ninguna luz. Estábamos en una cueva. Yusuf me observaba con suma tranquilidad.

-Los cristianos aún intentan eliminarnos. Somos escoria para ellos. Monstruos. Asesinos. Y lo último no lo niego, ni si quiera yo. No me avergüenzo de ser lo que soy. Nunca me avergoncé. Tú mismo has visto que podías derribar a los enemigos con extrema facilidad, que tu velocidad era mayor que la de los humanos. Sin embargo te preguntarás. ¿Cómo es que tus compañeros te superaban? Ellos, todos ellos, me deben una lealtad que está muy por encima de la de un caballero a su Rey.

»Durante estos años has convivido con nosotros, hemos sido tu única familia. O eso te creías. No eras tan familia como pensabas. Tus compañeros eran vampiros. Y yo, también lo soy. En tus periodos de inconsciencia, te mantuve como un semi vampiro a ti también. Pero no vas a quedarte sólo en eso. Ahora estamos solos, tú y yo. Mis hijos han muerto todos ellos, y tu padre también. Pero a partir de este momento, tú serás mi hijo. Serás eterno, igual que yo.

Se levantó y caminó hacia mi, extrayendo de su ropa una daga. Al llegar a mi, me clavó la daga estratégicamente en el cuello, para luego desclavarla y beber directamente de la herida. Fuí sintiendo como mis fuerzas se desvanecían, hasta que mi cuerpo quedó inanimado.

No sé qué ocurrió exactamente. Recuerdo haber despertado, repentinamente, y haberme encontrado bebiendo su sangre. Fué sólo un instante, pero el sabor permaneció en mi paladar, haciendo que mi cuerpo me exigiese más. Al notar esto, él simplemente soltó la daga, dejándola caer al suelo. Y desapareció.

Cualquier cosa que pudiese considerarse consciencia se desvaneció de mi mente. Cuando volví a tomar verdadero control de mi cuerpo, lo que ví no fué demasiado agradable. Sangre, tripas, un verdadero caos. Y yo me alimentaba del cuello de una mujer, tanto bebiendo su sangre como despedazándole la garganta en un espectáculo poco adecuado. Caí de rodillas. Todos mis principios se habían venido abajo y me había convertido en algo peor que un animal.

Noté una presencia tras de mi que reconocí al instante. Yusuf me observaba.

-¿Te avergüenzas de lo que acabas de hacer? Posiblemente sea vergonzoso. Yo aún no recuerdo mi primera vez. Has entrado en lo que llamamos Frenesí. Tu sed de sangre se ha vuelto tan intensa, que has perdido el control de tu cuerpo, y... oh, vaya, el aliento te huele algo mal, ¿sabes? Deberías plantearte dietas más sanas.

Quedé inconsciente de nuevo, sin ningún motivo aparente, y cuando desperté, otra vez estaba en la cueva, con Yusuf. A partir de ese momento me entrenó, me enseñó las disciplinas y toda la historia de nuestro Clan: Los Assamita.

No me extrañé el día que dejé de verlo. No me extrañé al ver su cabeza tirada en la cuneta. No me extrañé al descubrir que me había convertido en un monstruo. No había nada que me extrañase ya, después de todo lo que había ocurrido. Absolutamente nada.


Tema Musical (Quise añadirlo)


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FICHA DE NATHAN MAHLER

Mensaje  Mandy el Jue Ene 07, 2010 1:39 am

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